Uno de los mayores triunfos del enemigo de nuestras almas no es necesariamente hacernos pecar, sino lograr que ignoremos quiénes somos en Dios. Muchos cristianos viven una fe defensiva, llenos de temor ante los ataques invisibles y rogando por una liberación que Cristo ya consumó en el Calvario. Para consolidar nuestro despertar espiritual, cerramos este ciclo de recomendaciones literarias con un manual doctrinal imprescindible sobre los derechos legales del cuerpo de Cristo.
Publicado originalmente a principios del siglo XX, este extraordinario tratado bíblico desglosa con precisión quirúrgica el concepto de la autoridad espiritual. El autor expone que la victoria sobre las tinieblas no depende de la fuerza emocional, los gritos o el esfuerzo humano del creyente, sino del entendimiento claro de la posición jurídica que ocupamos al estar unidos a la cabeza, que es Jesucristo.
Sentados en los Lugares Celestiales
Tomando como eje central la epístola a los Efesios, MacMillan nos recuerda que Cristo fue resucitado y sentado a la diestra del Padre, muy por encima de todo principado, potestad, poder y señorío. La revelación gloriosa que despierta nuestro espíritu es que, por medio de la fe, nosotros hemos sido resucitados y sentados juntamente con Él en esos mismos lugares celestiales.
Por lo tanto, el cristiano no pelea para alcanzar la victoria; pelea desde la victoria que ya fue ganada. La guerra espiritual, entendida bajo esta óptica bíblica, no es un intento de derrotar a un enemigo soberano, sino el ejercicio legal de ejecutar la sentencia que Jesús ya dictó y firmó con Su propia sangre contra Satanás y sus demonios.
Ejes fundamentales que enseña el libro
Esta lectura transforma la perspectiva del intercesor al enseñarle las reglas fundamentales de la milicia cristiana:
- El derecho legal de la fe: La autoridad espiritual opera de la misma manera que las leyes civiles; el creyente es un oficial del Reino encargado de hacer cumplir la Palabra de Dios en la Tierra.
- La importancia de la consistencia moral: El libro enfatiza que no se puede ejercer autoridad sobre el enemigo en el plano invisible si se mantiene una vida de desobediencia o transgresión en el plano visible.
- La oración de mando: Pasar de la queja o el lamento pasivo a una intercesión con autoridad, declarando las promesas de Dios y ordenando el retroceso de las fuerzas opresoras en el nombre de Jesús.
Una base sólida para la edificación
Recomendamos profundamente La Autoridad del Creyente porque rompe de raíz toda mentalidad de victimismo espiritual. Al comprender los principios de esta obra, tus tiempos de oración, autoliberación y sanidad interior se volverán sumamente efectivos y precisos. Es el broche de oro perfecto para edificar un carácter maduro y caminar firmes bajo el cuidado del Altísimo.